Primacía del sentido religioso
Las decisiones que afectan al culto quedan reservadas a la autoridad eclesiástica. La Mesa no vota sobre ellas.

Una instancia de concertación, consultiva y técnica, para que quienes ya tienen la responsabilidad de actuar se pongan de acuerdo.
La Propuesta de Plan Estratégico de Turismo Religioso Católico para Colombia, actualizada el 11 de octubre de 2026, llega a una conclusión: ninguno de sus cinco ejes puede avanzar si no existe antes un espacio estable donde el Estado, la Iglesia y los territorios se sienten a trabajar juntos.
El turismo religioso en Colombia tiene una demanda cualificada. Más de doce millones de viajeros se movilizaron durante la Semana Santa de 2026, según las previsiones del MinCIT, y solo Buga declaró más de 1,2 millones de visitantes en 2025.
Hasta ahora cada actor trabaja por su cuenta, con buena voluntad. Pero cuando cambian las personas, se pierde lo avanzado.
Hay además asuntos delicados que solo pueden tratarse con confianza mutua: hasta dónde puede llegar la promoción turística de un lugar de culto, cómo se ordenan los horarios de visita para no perturbar la liturgia, quién decide sobre el uso de imágenes sagradas en una campaña. Una Mesa permanente no elimina estas tensiones, pero ofrece un lugar donde discutirlas antes de que se conviertan en conflictos.
La Mesa es una instancia de concertación, de carácter consultivo y técnico, sin personalidad jurídica propia. Su fuerza depende de la calidad de sus acuerdos y del compromiso de sus miembros para cumplirlos dentro de sus competencias.
Se formaliza mediante un acto administrativo del MinCIT, acompañado de un convenio marco con la Conferencia Episcopal de Colombia. El acto da estabilidad institucional a la Mesa; el convenio deja por escrito el respeto a la autonomía de la Iglesia en todo lo que concierne al culto.
Coordinar, orientar y dar seguimiento a las acciones públicas, eclesiales y privadas que favorecen una peregrinación bien acogida, segura y sostenible en Colombia, con beneficio para las comunidades que la reciben.
Las decisiones que afectan al culto quedan reservadas a la autoridad eclesiástica. La Mesa no vota sobre ellas.
Cada miembro aporta lo que le corresponde y responde por lo que se compromete.
Actas y acuerdos publicados, con un registro público de compromisos.
Los problemas y las soluciones se encuentran en los municipios, no en los despachos de Bogotá.
Su trabajo consiste en poner de acuerdo a quienes ya tienen la responsabilidad de actuar.